La ley de la gravedad

Frente al sometimiento del cuerpo a la ley universal de la gravedad, el alma hace valer su levedad en busca de su elevación. La aspiración a la trascendencia se da hacia arriba: así en Cristo resucitado, en los ascetas esenios del Mar Muerto, en los místicos que contuvieron el cosmos entero en la podredumbre de sus celdas. Antes, en la liturgia de la Pasión, el templo anticipa esta escisión en la doctrina del silencio. Pero he aquí que la Pasión se vuelve costumbre popular, fiesta multitudinaria, acontecimiento masivo que somete las calles a su particular pulso mucho más allá de la madrugada. Y es entonces otra elevación, cómplice de la fantasía infantil, la que se dispone a burlar la ley de la gravedad y ascender hasta la bóveda del templo, trasunto de la celeste, al menor descuido de las tiernas manos que la cautivan.

Pablo Bujalance es periodista. Síguele en twitter: ­@pbujalance

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Cuando los semáforos miran al cielo

Sí, sé que hay una figura delante que lleva una cruz y que debería llamar mi atención; pero no parece pesarle, o al menos sus manos no simulan clavarse con esfuerzo en la madera; más bien la tientan con la delicadeza de un arrumaco. Tampoco veo la silueta de una rodilla rendida y doblada por el esfuerzo bajo su túnica, ni tampoco percibo una curva en su espada hastiada por una carga dañosa. Todo en esa imagen está ordenado en un perfecto equilibrio de contrapesos; y la imagen en sí, pese a figurar un calvario, luce hermosa al contraluz de un cielo que no anuncia lluvia ni parece soleado. Por eso me fijo en ese semáforo apuntando al cielo y pienso; pienso que no puede ser casual. La fe mueve montañas, lo sé. Ahora también sé que mueve semáforos.

Juanmi de Los Ríos es escritor. Síguele en Twitter: @juanmidelosrios

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Supernova

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Puestos

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Fantasmas coronados

Miren fijamente la parte superior de la campana. Asoman (y no es un reflejo) tres cuerpos blancos que parecen estar planeando algo. Mi imaginación me dice que les importa poco la virgen coronada o el hombre de trono que parece dormir a sus espaldas. Quizás temen el próximo golpe de martillo. El mismo que durante años ha ido degradando, desde la base, la campana hasta difuminar un anagrama al que solo le queda visible la corona. El entorno oscuro, solo iluminado por las velas, otorga mayor misterio. Para mí son fantasmas coronados.

Jesús Sánchez es periodista de la Cadena Ser. Síguele en Twitter: @JesusSanchez_

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